El consumo indiscriminado de alcohol tiene consecuencias...
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Hace algunos días, leí por enésima vez un artículo con "lo que no se deben hacer cuando manejas una cuenta de twitter", uno de tanto posts acerca de los dos and don'ts de la gestión de redes sociales. Me impresionó cómo desde hace meses que no leo nada nuevo en esta materia y sean ocho o diez puntos, siempre es lo mismo y, para colmo, nada que el sentido común no dicte con su sabiduría infinita y comedida prudencia.
Pero siempre hay luz al final del túnel.
Gracias a LinkedIn, llegué a un post titulado Twitter: 9 lecciones de Pedro J. Ramírez. No sabía quién era él. Nunca he leído El Mundo. Pero me pareció atractiva la sorpresa que el autor declara el iniciar su análisis:
[nos hemos] sorprendido la facilidad con la que @pedroj_ramirez, Director de ‘El Mundo’ se ha adaptado al entorno Twitter, y cómo ha conseguido no solo un gran puñado de followers, sino sobre todo generar una conversación y una relación con sus seguidores digna de admiración. Puede que estas nueve ideas que he detectado “destripando” su TimeLine no puedan ser utilizadas en cualquier cuenta, ni siquiera para quienes gestionan perfiles de personajes públicos (Pedro J. maneja su propia cuenta), pero creo que son un buen análisis de su éxito, y pueden ayudarnos a mejorar nuestros resultados creando más comunidad y más conversación.
El core del artículo es la desripción y los ejemplos de nueve actitudes (no son tips) que este sujeto ha aplicado usando Twitter: hablar con sinceridad y naturalidad, reconocer los errores, no hacer spam y varias cosas del estilo.
Ahora, leyendo los ejemplos, hay una décima características de Pedro J. Ramírez y que desde mi punto de vista, es lo clave: el tipo es interesante. Todas éstas directrices reconocidas por el autor que refuerzan la hipótesis de que Twitter es una gran conversación entre seres humanos y que son los tipos más interesantes los que marcan la diferencia.
¿Qué hace que alguien sea interesante? Ésa es la pregunta.
La noticia de la súper patada voladora que su pololo le pegó a Rosalía Collao el otro día, me superó. Lo pillaron las cámaras, los carabineros lo dejaron ir, dieron de baja a los carabineros, el SERNAM quiere apoyar a la víctima y la víctima no quiere perseguir a su victimario, sale con la frasesita que hoy fue el titular de Las Últimas Noticias:

Ahora, el caballero que cometaba el titular en el quisco esta mañana, decía "¡qué loca!" y la señora a su lado respondía que ella era una tonta.
Así parece. Cualquier persona en sus cabales lo entendería bien: alguien abusa de mí, yo tomo acciones en contra de éste y por mi protección. Pero no, ella no está en sus cabales y allí radica lo más grave del problema.
Lo conversábamos con un amigo a la hora de almuerzo. En primer lugar, un machismo institucionalizado del que las mujeres no son ajenas, sino que lo sostienen. Ella tuvo la culpa. La responsabilidad no es entonces del abusador, porque no es un abuso, es un castigo, legítimo y que correspondía. Ella lo golpeó primero y se merecía la patada. No importa que él sea más fuerte, eso lo pone en una situación de poder sobre ella. Así es como corresponde que sean las cosas.
En segundo lugar (y esto es todo mérito de mi amigo), el uso de la violencia como medio de resolución de conflictos está perfectamente validado. Si a ella no le parece algo, lo golpea; él puede responder con golpes y si llora el niño, le pegamos también. Si tengo un problema el domingo en el partido de fútbol lo arreglamos a combos y, por qué no, a cuchilladas o a balazos, total, es la ley del más fuerte nomás.
Ambas cosas, creo yo, son una soberana estupidez. La violencia no es un medio válido para la resolución de conflictos, los hace más profundos y entrega ventajas al más fuerte. La mujer no está por debajo del hombre, los generos son equivalentes, distintos sí, pero igualmente valiosos.
Yo lo lamento por Rosalía, no está en sus cabales y costará varias patadas más que los recupere.
Más lo lamento por su hijo, porque con el ejemplo de sus padres, el círculo de la violencia contra la mujer se seguirá repitiendo.
Anoche clasificaron Chile, Perú y Canadá -sí, estoy hablando de la competencia internacional del Festival de Viña, no tengo tengo juicios aún sobre el nuevo rol de Claudio Birghi en la selección nacional de fútbol- y creo que es una falta de respeto clasificar la canción chilena. Es pésima. Es una canción soza y una interpretación horrible. Ucrania y Estados Unidos son mejores canciones y mejores interpretaciones. ¡Anda! Hasta la canción panameña es mejor que la chilena. Yo soy bien chauvinista, pero a este jurado se le pasó el tejo con cuática.